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Antes de hablar del mecanismo de acción de la toxina botulínica tipo A, recordemos el origen de las arrugas:
Por fractura cutánea. Intervienen factores genéticos (mecanismos celulares y moleculares del envejecimiento general) y epigenéticos (oxidación y radicales libres).
Por ptosis cutánea. Es la caída del tejido hacia abajo y hacia delante. Intervienen factores hormonales (provocan la disminución de colágeno y elastina, pérdida de masa ósea, etc.), atrofia y relajación muscular, características anatómicas y la fuerza de la gravedad.
Por gesticulación. Es la contracción muscular repetitiva provocada por atrofia lineal de la dermis, el desarrollo de fibrosis en la hipodermis y secuela epidérmica. Son las conocidas arrugas de expresión o arrugas dinámicas que trata la toxina botulínica tipo A.
¿Cómo se forman las arrugas de expresión?
Los movimientos faciales provocan la contracción y relajación de células de la dermis, los fibroblastos, que se hallan anclados por redes fibrosas de colágeno y elastina. Con el tiempo y la repetición de estos movimientos, los fibroblastos dejan de relajarse, la piel queda contraída, forma una arruga de expresión permanente y también se produce degradación de colágeno en la zona afectada.
Las zonas más afectadas son:
• La frente, en la que las arrugas cruzan en forma de líneas horizontales (cuando el músculo frontal está implicado) y líneas verticales (arrugas del entrecejo, debidas a los músculos corrugadores). También destacan las arrugas horizontales de la nariz.
• La zona externa del ojo, “patas de gallo”, del músculo orbicular del párpado.
• El tercio inferior del rostro, donde destacan los surcos nasogenianos (músculos cigomáticos).
• El “código de barras” de los fumadores (músculo orbicular de los labios).
• Las comisuras de los labios (músculo depresor de la comisura labial).
• El cuello.
¿Cómo se corrigen?
Como se ha expuesto, la contracción del músculo crea la arruga permanente de expresión y la degradación de la matriz extracelular —colágeno y elastina— de la zona afectada. Por tanto, si se interrumpe alguna de las etapas que conducen a la contracción muscular, se consigue descontraer (o relajar) el músculo afectado y atenuar la arruga cutánea. Las etapas más susceptibles de ser alteradas, desde el punto de vista cosmético, son la exocitosis neuronal y la contracción-relajación de los fibroblastos.
Exocitosis neuronal
Es el proceso de liberación del neurotransmisor desde las vesículas sinápticas al espacio sináptico. En la exocitosis resulta esencial la participación del complejo SNARE (SNAp Receptor). Es un complejo formado por tres proteínas: VAMP —o sinaptrobrevina—, sintaxina y SNAP-25 (SyNaptosomal Associated Protein). En las etapas finales de la exocitosis, cuando aumenta la concentración de calcio en el terminal nervioso, el complejo SNARE conecta la proteína de la vesícula VAMP con la proteína de la membrana neuronal sintaxina mediante la proteína SNAP-25. En otras palabras, el complejo SNARE se comporta como un gancho celular que captura las vesículas sinápticas portadoras de neurotransmisores y las fusiona con la membrana celular, lo que permite la liberación de neurotransmisores.
Contracción-relajación de los fibroblastos
Los fibroblastos son las células responsables de mantener la matriz extracelular, ya que son los productores de colágeno, elastina, etc. Al estar anclados al tejido conectivo, su contracción o descontracción se transfiere a este tejido y provoca una tensión o una relajación —alisamiento— de la piel. Se ha comprobado que algunos activos cosméticos son capaces de relajar los fibroblastos y, aunque el mecanismo de contracción-relajación es poco conocido, su capacidad para contraer o relajar la matriz de colágeno está, en cambio, ampliamente documentada.
Eficacia de la toxina botulínica
La toxina botulínica tipo A, neurotoxina derivada de la bacteria clostridium botulinum y comercializada por Allergan, Inc. con el nombre de Botox®, es una sustancia realmente eficaz en el tratamiento médico estético de las arrugas de expresión porque bloquea selectivamente la liberación de acetilcolina desde la terminal nerviosa a la placa motora. En concreto, la toxina botulínica destruye irreversiblemente la proteína SNAP-25 del complejo SNARE, lo que impide la liberación de acetilcolina y provoca la parálisis del músculo afectado. La toxina botulínica tiene una acción específica sobre los terminales colinérgicos y temporal, ya que pasados entre 15 y 20 días desde su infiltración se fabrican nuevos terminales nerviosos en paralelo que son activos al cabo de 2 ó 3 meses, y que pasados entre 3 y 6 meses restablecen por completo la señal muscular —liberación de acetilcolina—. La toxina botulínica se considera la sustancia más letal conocida por peso (1 g de toxina podría matar a un millón de personas) y además de su uso cosmético se emplea también en pacientes con espasticidad, distonías en general, distonías cervicales, blefaroespasmo, migraña y en tratamientos de hiperhidrosis.
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