Última de dos partes.
Por Griselda Rabadán
Revisemos los dos últimos grupos de dietas de moda:
3. Dietas “milagro”
Son aquéllas que además de adjudicar su “efectividad” al consumo exclusivo de ciertos alimentos o grupos de ellos, también promueven el uso de suplementos o complementos de origen, aparentemente, “natural” (cápsulas de vinagre de manzana, cápsulas de bromelina, aceite de uva, lecitina de soya, etcétera).
Por lo general, este tipo de dietas son muy restrictivas y, a la larga, producen deficiencias de nutrientes esenciales que el cuerpo necesita para funcionar correctamente. A corto plazo, estas deficiencias pueden manifestarse en forma de fatiga, debilidad, dolor de cabeza, insomnio, cabello y uñas quebradizas y cambios en el estado de ánimo. Sin embargo, si estas dietas se mantienen por periodos más largos pueden provocar envejecimiento prematuro, anemia, desequilibrios hormonales, disfunción renal, alteraciones gastrointestinales, etcétera.
Por lo anterior, es importante que las personas sepan que no existe ningún alimento o producto que, por sí solo, permita perder peso como por arte de magia. Lo mejor es llevar un plan de alimentación acorde a las necesidades de cada persona en conjunto con un régimen de ejercicio diario.
4. Dietas bajas en calorías
Como su nombre lo dice, son dietas basadas en el control y limitación de las calorías consumidas. Sin una correcta supervisión nutricional, estas dietas pueden llegar a ser sumamente peligrosas pues manejan contenidos energéticos que oscilan entre bajos (1000-1200 Kcal/día) y muy bajos (400-600 kcal/día).
Con aportes calóricos tan bajos es imposible que el organismo obtenga los micro y macronutrimentos necesarios para su buen funcionamiento. Por lo tanto, son dietas muy desequilibradas que provocan severas alteraciones (mareos, hipotermia, sudoración, taquicardia, sequedad de la piel, pérdida de cabello, contracturas musculares, amenorrea, insomnio, ansiedad, irritabilidad, etc.) que ponen en riesgo la salud y la vida de las personas. Además, el bajo aporte calórico obliga al organismo a reducir su tasa metabólica con la finalidad de protegerse y ahorrar la mayor cantidad de energía. Esto explica por qué las personas recuperan el peso perdido, e incluso aún más, cuando vuelven a alimentarse de manera normal.
Después de esta breve revisión se puede observar que, sin importar el nombre o el contenido de la dieta, el aparente éxito de la mayoría de ellas se debe únicamente a que están basadas en una reducción brusca y excesiva del consumo calórico diario que provoca una aparente rápida pérdida de peso. Son dietas que desaparecen tan pronto como aparecen, que no poseen ninguna base científica y que, en su momento, triunfan gracias a la elección del momento adecuado para su lanzamiento (al inicio de año o antes del verano), a una buena imagen que la recomienda y a una propuesta que ofrece lo que las personas quieren oír.
Asimismo, las personas que se someten a este tipo de dietas deben saber que el peso que pierden es a expensas, en mayor medida, de las reservas de líquidos y de masa muscular y, en menor grado, del tejido graso. Lo cual explica por qué cuando las personas dejan la “dieta” experimentan una rápida recuperación del peso que, con tanto sacrificio, habían logrado perder. Aunado a esto, sobrevienen sentimientos de frustración y derrota que llevan a las personas de regreso a sus malos hábitos de alimentación.
El intento y seguimiento repetido y malogrado de cualquier tipo de dieta de moda puede producir severos daños a la salud (desbalance electrolítico, anemia, caída de cabello, uñas quebradizas, piel reseca, debilidad, fatiga, dolor de cabeza, calambres, mareos, pérdida de masa muscular, etc.), además de ser un factor que propicia el desarrollo de trastornos de la alimentación como la anorexia y la bulimia.
Un plan de alimentación correcto debe ser aquel que, tomando en cuenta las características, necesidades y gustos individuales de cada persona, aporte los nutrimentos y energía necesarios para mantener un funcionamiento y peso adecuados. No se debe olvidar que sólo un especialista en nutrición está capacitado para brindar una evaluación y orientación nutricional completa y acertada que promueva la adopción de nuevos hábitos de alimentación y cambios persistentes en el estilo de vida.
Igualmente, no se debe dejar de lado la importancia del ejercicio físico para la mejora de la condición física y la optimización de los sistemas cardiorrespiratorio y locomotor (músculos, huesos, articulaciones, ligamentos y tendones) y del metabolismo en general (utilización eficiente de los hidratos de carbono, las proteínas y los ácidos grasos provenientes de la dieta).
Finalmente, es importante remarcar que una dieta no es un régimen de alimentación temporal que se sigue con el único fin de perder los kilos de sobra, bajar la “llantita” o lograr que nos quede una prenda de ropa, sino un modo sano, correcto y permanente de alimentación orientado a mantener una vida saludable.
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